Trastorno del desarrollo de la coordinación
TRANSTORNO DEL DESARROLLO DE LA CORDINACIÓN
INTRODUCCIÓN
La capacidad de moverse no solo involucra el desplazamiento en un medio físico. Este también incluye la capacidad de desenvolverse en un entorno social, donde existe interacción entre diferentes individuos en diferentes situaciones y ambientes, Condemarin, Chadwick y Milicic (1996) aclaran que el movimiento humano es una realidad psicofisiológica, y que de este se establecen dos términos motricidad y psicomotricidad, no como actividades diferentes, sino como dos puntos de vista o niveles de análisis de una realidad que es íntimamente inseparable.
disciplina educativa/reeducativa/terapéutica, concebida como diálogo, que considera al ser humano como una unidad psicosomática[1] y que actúa sobre su totalidad por medio del cuerpo y del movimiento, en el ámbito de una relación cálida y descentrada, mediante métodos activos de mediación principalmente corporal, con el fin de contribuir a su desarrollo integral (Muniáin, 1997 citado en Pacheco, 2015, p.8).
Existen dos tipos de motricidad que intervienen de distinta manera en el desarrollo de un niño. La motricidad fina y la motricidad gruesa. La motricidad fina es el movimiento y la coordinación de músculos, huesos y nervios donde se producen movimientos delicados y precisos (Caldero y Grosso, 2018). Mientras que la motricidad gruesa, según Garza (1978), se refiere al control de los movimientos musculares generales del cuerpo o también llamados en masa, que permiten al niño pasar de la dependencia absoluta a desplazamiento propio y sin ayuda. El correcto desarrollo de la motricidad gruesa puede refinar los movimientos descontrolados, aleatorios e involuntarios (citado en Caldero y Grosso, 2018). Algunos ejemplos de estos movimientos son: control de cabeza, sentarse, girar sobre sí mismo, gatear, mantenerse de pie, caminar, saltar, lanzar una pelota.
En 2018, Deza y Postigo, mencionan que el correcto apoyo a esta actividad (motricidad), sobre todo en los niños, permite un proceso neurológico correcto, permitiendo un desarrollo y crecimiento de la inteligencia.
El movimiento ayuda a que el cerebro del niño se desarrolle a través de diversos estímulos prácticos donde el cerebro hace conexiones neuronales, “la función de la motricidad es el medio a través del cual se edifica y se organiza la inteligencia y es el medio a través del cual se manifiesta esa inteligencia” (Da Fonseca, 1998 citado en Deza y Postigo, 2017, p.36).
Sin embargo, en esta etapa de aprendizaje, el niño puede presentar problemas que de alguna manera evite el correcto desarrollo motriz. Es aquí donde entra el término de Trastorno de desarrollo de la coordinación (DCD en inglés), y aunque el termino fue acuñado a partir de 1989, y gano legitimidad como un problema de salud hasta 1994 (CanChild, 2006), es un problema que no deja de ser importante hoy en día.
Esta dificultad, posee muchas definiciones, pero la aquella que expresa un mejor concepto es la que propone la ICD‐10 (International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems 10th Revision) en la versión del 2007, donde también lo denomina trastorno específico del desarrollo de la función motora (SDDMF):
Trastorno en el que la característica principal es un impedimento grave en el desarrollo de la coordinación motora que no es únicamente explicable en términos de discapacidad intelectual general o de cualquier trastorno neurológico congénito o adquirido específico. Sin embargo, en la mayoría de los casos, un examen clínico cuidadoso muestra inmadureces del desarrollo neurológico marcadas, como movimientos coreiformes de miembros sin apoyo o movimientos de espejo y otras características motoras asociadas, así como signos de alteración de la coordinación motora fina y gruesa (Blank et al, 2012, p.61-62).
Esta, como es mencionado, afecta en ciertos aspectos el desarrollo de la coordinación motora en el niño diagnosticado, no necesariamente es causado por alguna discapacidad intelectual o trastorno neurológico genético o adquirido, bajo cualquier circunstancia, provoca que el niño presente dificultades en su motricidad, como ser movimientos coreiformes, que “son movimientos permanentes rápidos y cambiantes de cara, tronco y dedos de la mano” (it'sAle, 2015). Sin olvidar que puede causarle o ya le causa problemas en la motricidad fina y gruesa.
En un estudio realizado por Gaines et al. (2008), detecta que la proporción de individuos que presentan Trastorno de desarrollo de la coordinación (TDC o DCD) varían de 5 a 20%, con 5 a 6% siendo el porcentaje más frecuentemente (citado en Blank et al, 2012).
Mientras que Kirby (2005), en su estudio determino que en Canada, “23% de los niños mostraron signos de DCD, 8% cumplieron con los criterios para el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y 19% se clasificaron como disléxicos” (Kirby y Sugden, 2007, p.182).
Por otra parte, Kadesjo et al. (1998) encontraron una tasa de prevalencia[2] del 4,9% para la DCD grave y del 8,6% para la DCD moderada en un estudio de población de niños de 7 años en Suecia. Y juntamente con Lingam (2009), aclaran que es más común en hombres, con proporciones de hombres a mujeres que varían de 2:1 a 7:1 (citado en Blank et al, 2012).
Como se observa, el tema es bastante amplio y merece ser tratado de igual manera, por especialistas capacitados. Sin embargo, a todo el conjunto de problemas que se presentaron, se dará un mayor énfasis, en la motricidad gruesa. Este tipo de motricidad permite al infante, evolucionar socialmente, ya que le da la posibilidad de pasar de una total dependencia a una libertad de movimiento propio (Garza, 1978, citado en Caldero y Grosso, 2018), pudiendo establecer relaciones en su ambiente en el que interactúa e interactuara en un futuro.
En Bolivia datos dirigidos a este problema son limitados, sin embargo, esto no significa que el país está exento del problema, pues como en los casos expuestos anteriormente, estudios realizados muestran antecedentes en diferentes instituciones específicas.
Tal es el caso de Cari (2015), que en su trabajo realizado al Centro Infantil 9 de abril, en la ciudad de La Paz, tomó una muestra de 10 niños, entre ellos 3 niños y 7 niñas de 4 a 5 años de edad, y obtuvo que con respecto a la motricidad gruesa un 60% está en nivel regular, que para la escala en la cual basó sus mediciones, es un rango muy alarmante, mientras que un 30% se encuentra en el rango medio alto, un 10 % en estado de alerta y un 0% en el nivel alto, donde, según la autora, la causa principal es por no haber recibido estimulación temprana adecuada.
Por otro lado en el Jardín Infantil Jesús de la legión de la buena voluntad, (Monasterios, 2018), en la ciudad de La Paz, donde aplicando una evaluación diagnostica de la escala abreviada de desarrollo de Nelson Ortiz[3], se obtuvieron los siguientes resultados iniciales, en la motricidad gruesa, que tomo como muestra a 20 niños y niñas de la sala celeste de 4 y 5 años:
- El 5% de los niños y niñas dio como resultado en alerta.
- El 75% de los niños y niñas dio como resultado medio bajo.
- El 20% de los niños y niñas dio como resultado medio alto.
- Y el 0% no tiene a ningún niño o niña en alto.
Como estos, existen varias investigaciones dirigidas a este aspecto, lo cual muestra que la sociedad no está exenta del problema en cuestión, más al contrario, existen instituciones que preparan profesionales para poder dar ayuda a estos tipos de problemas, así como instituciones que realizan sesiones de terapia dirigido a dar solución a esta y otras enfermedades y trastornos, particularmente en los niños de edad pre escolar.
1. PSICOMOTRICIDAD
Dentro del concepto amplio que involucra el movimiento del ser humano, podemos distinguir dos conceptos muy arraigados que se desprenden del mismo. Psicomotricidad y motricidad, durante esta sección se establecerá conceptos sobre el primer término.
PsicomotricidadTb. sicomotricidad.De psico- y motricidad. 1. f. Psicol. Motilidad de origen psíquico. 2. f. Psicol. Integración de las funciones motrices y psíquicas. 3. f. Psicol. Conjunto de técnicas que estimulan la coordinación de las funciones motrices y psíquicas.
Para Condemarin et al. (1996), la psicomotricidad “enfoca el movimiento desde el punto de vista de su realizacion, como manifestacion de un organismo complejo que modifica sus reacciones motoras, en funcion de las variables de la situacion y de sus motivaciones” (p.123).
Por su parte Pacheco realizo una agrupacion de definiciones validas a este concepto, la más relevantes se presentan a continuacion:
Muniáin: es una disciplina educativa, reeducativa y terapéutica que actúa sobre su totalidad por medio del cuerpo y del movimiento.
De Lièvre y Staes: es un planteamiento global de la persona. Es la función del ser humano que sintetiza psiquismo y motricidad, para adaptarse de manera flexible y armoniosa al medio que le rodea (2015, p.10).
Lo que sí está claro, es que todos los conceptos apuntan a que la psicomotricidad es un enfoque, en el cual se analiza al movimiento humano desde una perspectiva de ejecución, analiza el movimiento para poder establecer motivos por el cual se lo realiza, y establecer una relación entre cuerpo y mente. Permitiendo desarrollar técnicas que mejoren las mismas y apoyen a cierto individuo a adaptarse al entorno en el que este se desenvuelve.
Prácticamente tiene como principal objetivo, según Pacheco:
Desarrollar o restablecer, mediante un abordaje corporal (a través del movimiento, la postura, la acción y el gesto), las capacidades del individuo. Se puede incluso decir que pretende llegar por la vía corporal al desarrollo de las diferentes aptitudes y potencialidades del sujeto en todos sus aspectos (motor, afectivo-social, comunicativo-lingüístico, intelectual-cognitivo) (2015, p.10-11).
2. MOTRICIDAD
Algunos autores establecen que, la motricidad es “el movimiento considerado como la suma de actividades de tres sistemas: el sistema piramidal (movimientos voluntarios), el sistema extrapiramidal (motricidad automática) y el sistema cerebeloso, que regula la armonía del equilibrio interno del movimiento” (Condemarin et al., 1996, p.123).
La motricidad favorece el desarrollo del esquema corporal, lateralidad y eficacia manual, mejorando así la organización y orientación corporal en el espacio y tiempo de los niños; aunque en los colegios aún no se practica de forma trascendental, especialmente en la educación primaria (Rigal, 2006 citado en Deza et al., 2018).
Para Martin (2003), la motricidad influye en el desarrollo humano y en el aprendizaje de este, interviniendo de manera directa en distintas áreas motrices (citado en Letellier,2014).
El movimiento ayuda a que el cerebro del niño se desarrolle a través de diversos estímulos experimentales donde el cerebro hace conexiones neuronales, en palabras sencillas la motricidad permite construir y organizar la inteligencia y es el medio a través del cual se manifiesta esta inteligencia adquirida (Da Fonseca, 1998 citado en Deza y Postigo, 2017).
2.1. TIPOS DE MOTRICIDAD
Para entender mejor, este concepto, la motricidad se divide en dos áreas de mucha importancia: la motricidad gruesa y la fina.
2.1.1. MOTRICIDAD GRUESA
La motricidad Gruesa refiere a los movimientos coordinados de todo el cuerpo. Permitiendo al niño coordinar grandes grupos musculares, los cuales intervienen en los mecanismos del control postural, el equilibrio y los desplazamientos, elementos esenciales para la interacción del mismo en su entorno (Fernández, 2010, citado en Pérez CH, 2015).
La etapa en la que la motricidad gruesa esta en desarrollo es la parte mas importante de un infante, como se menciono, es la etapa de transicion de dependencia a libertad de mivimiento propio.
2.1.2. MOTRICIDAD FINA
Por su parte, la motricidad fina, es la etapa que sigue cuando se desarrolla una motricidad Gruesa adecuada, es el paso de los movimientos bruscos y automáticos a los movimientos precisos y determinados.
Para el autor Rigal, son todas las actividades motrices manuales, donde son utilizados los dedos tanto de la mano, como de los pies, aunque con mayor frecuencia las manos (Deza et al., 2018). Es la capacidad “para realizar movimientos muy específicos: arrugar la frente, apretar los labios, cerrar el puño, recortar”. (Pacheco, 2015, p.32)
Su importancia radica bajo la siguiente consideración:
La motricidad fina incluye movimientos controlados y deliberados que requieren el desarrollo muscular y la madurez del sistema nervioso central (…) El desarrollo de la motricidad fina es decisivo para la habilidad de experimentación y aprendizaje sobre su entorno, consecuentemente, juega un papel central en el aumento de la inteligencia. Así como la motricidad gruesa, las habilidades de motricidad fina se desarrollan en un orden progresivo (…) En muchos casos, la dificultad con ciertas habilidades de motricidad fina es temporal y no indica problemas serios. (Pacheco M., 2015, p.33)
3. TRASTORNO DEL DESARROLLO DE LA COORDINACIÓN
Apoyar la motricidad en edades importantes, es de mucha importancia para el correcto desarrollo de un infante, este ayuda a fortalecer tanto la capacidad motora como la capacidad cerebral, permitiendo desenvolverse adecuadamente a su entorno. Sin embargo, no todos logran alcanzar ese fin, o no se desarrolla de correctamente. Existen cierto grupo de personas, en especial niños en donde su motricidad presenta problemas.
Rodríguez, C., Mata, Rodríguez, L., Regueras, De Paz & Conde (2015), en su trabajo aclara que muchos de estos niños y por varios años, fueron catalogados como como torpes, con dispraxia, disfunción neurológica mínima con disfunción en la integración sensorial, trastornos motores menores o incluso parálisis cerebral infantil mínima, términos muy alejados de la realidad.
Ya para el año 1994 se establece por primera vez un consenso internacional para definir estos trastornos bajo el término único de trastorno del desarrollo de la coordinación (En inglés DCD: Developmental Coordination Disorder), incluyéndolos en la clasificación del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (En inglés DSM: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) de la Asociación Americana de Psiquiatría, la cual cita lo siguiente:
Definición según DSM ‐ IV
La DCD se incluye en la sección "Trastornos del aprendizaje" y en la sección "Trastornos de las habilidades motoras" (315.4 Trastorno de coordinación del desarrollo). El término fue aprobado en la Reunión de Consenso Internacional en Londres / Ontario, Canadá, en 1994.
La DCD según DSM-IV se define por los siguientes cuatro criterios.
A. El desempeño en actividades diarias que requieren coordinación motora es sustancialmente inferior al esperado, dada la edad cronológica de la persona y la inteligencia medida. El trastorno puede manifestarse por marcados retrasos en los hitos motores (p. Ej., Caminar, gatear, sentarse), dejar caer cosas, por "torpeza" y por un rendimiento deficiente en los deportes o una mala escritura.
B. La perturbación descrita en el criterio A interfiere significativamente con el rendimiento académico o las actividades de la vida diaria.
C. La alteración no se debe a una condición médica general (p. Ej., Parálisis cerebral, hemiplejia o distrofia muscular) y no cumple con los criterios para un trastorno generalizado del desarrollo.
D. Si hay retraso mental, las dificultades motoras superan a las que generalmente se asocian con retraso mental. (Blank et al., 2012, p.62)
[1] De las interrelaciones de la mente y el cuerpo o relacionado con ellas.
[2] Prevalencia: Proporción de individuos de una población que presentan el evento en un momento, o período de tiempo, determinado. Tasa de Prevalencia: Número de casos (nuevos y antiguos) / Población total expuesta. (Isaza, 2015, p.196)
4. BIBLIOGRAFÍA
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